Después de la llegada de Netflix  a nuestras abrumantes vidas, hubo un cambio significativo en la rutina, pues permitió que nuestros horarios dejarán de establecerse de acuerdo al programa que pasaban por televisión. Porque ver una serie en los tiempos de la tv significaba salir media hora antes del trabajo o tomar el autobús de las 7:30 exactamente para llegar justo a casa y ver el programa, todo esto porque era un capitulo por semana y era el único día de transmisión, para ver la repetición debíamos esperar hasta el sábado o el domingo entonces no podríamos platicar del capítulo al día siguiente en el trabajo o en la escuela.

Todos nos convertimos en seguidores prácticos de las series gracias a Netflix, por la facilidad que este significa, sentarnos días completos, establecer a que hora verlo, desde que punto iniciar o hasta saltarnos alguna parte que no queramos ver, y todo esto sin comerciales. La vida no podría ser mejor pero…

Antes, el final de cada temporada se convertía en un discreto enemigo de nuestra diversión, porque además de dejarnos con una gran expectativa, debíamos esperar de 6 meses a 1 año sólo para saber de quién era el hijo que esperaba Rachel en Friends, o si el doctor House iba a seguir con la doctora Cudy o si Marshall volvería a estar con Lilly después de irse a San Francisco. Esto por citar algunos ejemplos que provocaban una ansiedad interminable.

Sin duda, Netflix nos hizo la vida más fácil aunque dejar de apreciar la espera y expectativa va a crear en nosotros que cada vez queramos contenido más inesperado e irreverente de manera inmediata para poder tener un poco de asombro en un mundo donde ya nada es inesperado ni repentino. Por lo tanto, esto también tendrá como consecuencia producciones sosas y de baja calidad, todo por querer satisfacer las necesidades de un cliente que quiere todo rápido aunque no aprecie lo que está viendo.

En fin, gracias Netflix por cambiar esos días que no teníamos nada que hacer y darnos un discreto sedentarismo.

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