De pronto, un golpe en la respiración hace que te detengas. Piensas si el lugar en el que estás es el correcto, un fuerte sentimiento de incomodidad te hace tambalear hasta el punto de caer.

No sabes para dónde correr o qué hacer, sólo quieres respirar. Quizá así fue como el cerebro provoca salir de la rutina en la que estás.

La rutina engarrota tus dedos, ciega tus ojos ata tus pies, te detiene y a veces te hace caer. Pero la principal intención de la rutina es no avanzar, no arriesgar, creer que tienes lo suficiente, creer que no se puede alcanzar lo que otros tienen, porque parece que para ti es inalcanzable.

La rutina es mentirosa, te dice que tienes todo el tiempo del mundo, sin embargo, es un monstruo que acaba con los meses, semanas, días, horas, minutos y segundos de manera agresiva y sin compasión. Los devora hasta dejarte sin nada más que arrugas y canas.

La rutina es una enemiga, la peor. Algunos dicen que es la ociosidad o los vicios, en realidad, la rutina es lo que te lleva a tomar malas acciones. ¿Por qué? Todos quieren experiencias nuevas porque en su momento se encerraron en la comodidad, entonces se enfrentan a la vida aburrida y sólo quieren “vivir la vida” por el pretexto de no vivir lo cotidiano.

Tener un trabajo seguro, una silla alta en alguna empresa importante y despertar con la confianza que ese día será igual que el día anterior es la comodidad y “felicidad” que no va a producir nada. Esperar el tan glorioso día de jubilación mantiene cierta esperanza. Y sí, algunos ven esto como el paraíso, pero en realidad es una vida aburrida, y esto no es un tema de motivación o emprendedurismo, se trata de salir y desempolvar los juguetes con el objetivo de soñar, creer, volar y ser.

Establecer a la vida adulta como el punto más alto, el lugar al que todo hombre debe llegar. Tener una puerta con el nombre o una placa crea personas artificiales con máscaras y corazones soberbios. Personas que quedarán insatisfechas en la primera oportunidad y como consecuencia buscarán una placa más grande, un auto más potente o una nueva fachada para su casa.

Al voltear, la rutina nos muestra todo el tiempo que desperdiciamos en trabajos, papeles, archivos y documentos. Al envejecer nadie contara la manera en la que realizó un oficio. Ningún abuelo revolucionario o postrevolucionario cuenta alguna historia que se vea involucrada con trámites y papeleo “Ven hijo, siéntate, te voy a contar del día que realicé un oficio” Las historias de los abuelos narran guerras, hambres, sacrificios y esfuerzo; esas son historias que cautivan porque nadie está interesado en escuchar historias repetitivas, de oficina, de trámites por el simple hecho que nadie escucha lo que al mismo tiempo se quiere evitar.

Dejar la rutina no es precisamente cambiar de trabajo o renunciar a éste e iniciar tu propia empresa. Pero puede cambiar el parque al que llevas a tus hijos, tener un nuevo pasatiempo, correr lo que siempre has querido, iniciar las clases de ballet que soñaste, caminar en los charcos, o simplemente comerte esas gordas de chicharrón en miércoles sin esperar hasta que sea domingo.

Esto es lo que cambia, nosotros volviendo a ser niños para jugar y así tendremos historias que contar.

Pin It on Pinterest