Con apenas treinta y dos años, este joven director, guionista y productor estadounidense ha alcanzado la fama y el reconocimiento de la industria Hollywoodense. Más allá del “pequeño” error ocurrido hace unos días en la entrega de los premios Oscar, donde “La La Land” lograba coronarse como “Mejor película”, y a pesar de no ser acreedora a dicho premio, el gusto y fanatismo que creo ésta cinta, ya la ha colocado como la ganadora de los “soñadores”, curiosamente, si tomamos en cuenta que el final, no es precisamente el de un de cuento de hadas.

Fue en el 2014, cuando la comunidad cinéfila volteo a ver el trabajo de Chazelle. Conocíamos la historia de un joven baterista llamado Andrew (Miles Teller) cuyo sueño y ambición era alcanzar el éxito en un conservatorio de música y que se ve conflictuado al enfrentarse al profesor Terence Fletcher (J.K. Simmons) el cual tiene una  visión y método muy particular de formación artística, el mundo le aplaudía a “Whiplash”y ya desde esa cinta conoceríamos el discurso de Damien que logaría ser  universal en “La La Land”: el arte o el artista.

Dicen que es una historia de amor, una ironía cuando los protagonistas no terminan juntos, “La La Land” nos acerca a ese enfrentamiento de la autorrealización profesional versus la autorrealización personal. Mia (Emma Stone), una joven aspirante a actriz, y Sebastian (Ryan Gosling), un pianista de jazz que se gana la vida tocando en sórdidos tugurios, se enamoran, pero su gran ambición es llegar a la cima de sus carreras artísticas, incluso, por encima de su relación.

Es a través de estos argumentos, donde la visión del director toma fuerza y sus historias logran conmovernos e impactarnos, vemos con crudeza que la vocación requiere sacrificio, que el amor ya no es prioridad, que el reconocimiento y el éxito son síntomas de una sociedad cada vez más individualizada, pero seguir tu pasión y alcanzar tu sueño dentro de todo el egoísmo que puede surgir alrededor… puede hacerte feliz.

Dos cintas que nos muestran una nueva forma de hacer cine, con soundtracks inolvidables, personajes cercanos a nuestra realidad y contexto, el punto medio perfecto entre lo “comercial” y el “arte-independiente”. Esperamos que con Chazelle surja una nueva generación de brillantes cineastas que logren conmovernos en la salas de cine.

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