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DOÑA FERMINA

 

A un costado del Parque Juárez, existe la calle J.J. Herrera, conocida por mucho tiempo como de El Toronjo, precisamente porque estos árboles frutales se prodigaban ahí y en gran parte de la ciudad. Actualmente, desde el balcón de El Ágora, es posible contemplar en los amplios patios de las pocas y añosas casonas de esa calle, algunos ejemplares de toronjos. Allí nació doña Fermina Zavaleta de Bravo, mujer patriota casi olvidada en la historia de Xalapa. Llegada al mundo en una familia de escasos recursos, muy pronto supo ganarse la estimación y el reconocimiento de la población a sus valores cívicos. Su participación heroica ocurrió durante la guerra de la intervención, cuando Fermina ya se había casado y procreado dos hijos que constituían su entusiasmo por la vida. Los niños crecieron acompañados siempre del tierno timón con el que doña Fermina llevaba y levantaba el hogar.

Uno de sus dos muchachos cumplía con su deber en las filas republicanas. Doña Fermina Zavaleta de Bravo colaboró con las fuerzas patrióticas, sirviendo de correo e intermediaria para la obtención del parque, en Xalapa y sus alrededores. Nuestra ciudad estuvo activamente guerreando durante más de un año contra el enemigo. Su misión fue contribuir al éxito del ejército mexicano: al contrario de los seres abyectos, que aprovecharon trágicas circunstancias sociales para enriquecerse doña Fermina continuó y murió en la pobreza.

Lo que debe recordar la ciudadanía xalapeña es la firmeza con la que Fermina resistió los sufrimientos, el deshonor y la afrenta que le hizo padecer el invasor, cuando cayó prisionera y la confinaron a esos humillantes “pozos-tinajas”, en los que se entierra el cuerpo, dejando sólo la cabeza del cautivo al ras de la tierra. Fue juzgada y condenada a muerte, aunque esta sentencia por suerte no llegó a cumplirse. Sin embargo, los imperialistas intensificaron el castigo al mostrarla a los habitantes con la cabeza calva y ropaje vergonzoso. Felizmente, Xalapa resintió este oprobioso seceso, aumentando su rencor hacia los intervencionistas.

La guerra llegó a su fin y doña Fermina volvió a su hogar sólo con un hijo, ya que el otro había perdido la vida luchando en Oaxaca. Falleció esta mujer íntegra en 1898, a los 97 años. Como el toronjo creció, dio frutos entre perfumados follajes y espinas, que utilizó cuando su condición humana se lo pidió.

 

 

Bibliografía: Espejo, A. (2011). Historias, cuentos y leyendas de Xalapa. 3rd ed. Xalapa, Ver., Mex.: H. Ayuntamiento de Xalapa, Ver., pp. 61, 62.

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