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EL “VIKINGO”

En 1972, a un costado del cerro Macuiltépetl, Javier Campos, un joven de quince años, logró que le prestaran un cuarto vacío en el patio de la casa de un compañero de la secundaria.

Javier había quedado huérfano desde pequeño y por fin encontraba un lugar seguro donde vivir.

En este cuarto halló también a un “amigo” que le haría compañía largos y divertidos años de su juventud. La primera vez lo sintió dentro de su pieza, durmiendo junto a él; después, empezó por apagar y prenderle la luz, moverle la mesita o esconderle los libros. La causa por la que Javier no temía a su invisivle compañero es incomprensible. Se puede pensar que una presencia, la que fuera, no le incomodaba a alguien tan solitario: la sentía en la calle pasándole el brazo por el hombro, siempre con él.

El caso es que llegaron dos momentos sobrendentes: uno, cuando lo vio por primera vez, como la sombra inconfundible de un vikingo; el segundo es casi inverosímil: la silueta lo defendió a golpes de dos asaltantes en otra ocasión.

 

cuando lo vio por primera vez, como la sombra inconfundible de un vikingo

El muy valiente de Javier, al entrar a la Escuela Normal, consiguió una beca y se mudó con todo y “Vikingo”. Continuaron juntos a través de los años de carrera, jugando como siempre, paseando y estudiando.

Un día, todo terminó, una mujer y un destino se interpusieron entre los dos grandes amigos. AL terminar sus estudios y conseguir trabajo, Javier se despidió del “Vikingo”, diciéndole:

-Ahora, sí búscate a otro. Me voy a casar y no quiero que asustes a mi vieja.

No volvieron a verse desde entonces.

 

Bibliografía

Espejo, A. (2011). Historias, cuentos y leyendas de Xalapa. 3rd ed. Xalapa, Ver., Mex.: H. Ayuntamiento de Xalapa, Ver., pp.105.

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